El lunes 14 de febrero de 2011 cerca de la media tarde falleció quien fuera por varios años Presidente de la Sociedad de ExAlumnos del Colegio San José, el escribano Manuel Rufino Trueba.
Hombre bueno y cabal, presidió la Sociedad de ExAlumnos desde 1980 hasta 1984-siendo Rector el R.P. Jorge Murias-.
Como Presidente de la Sociedad de ExAlumnos -de la que había sido Secretario- demostró siempre su amor por el Colegio a través de innumerables emprendimientos a favor de mantener la unidad de los exalumnos entre sí y su integración con el Colegio.
Había sido alumno del Secundario entre 1952 y 1955. Tanto en reuniones familiares o de amigos, o en su paso por la Sociedad de ExAlumnos siempre recordó con profundo cariño a sus profesores, entre los cuales descollaban muchos sacerdotes en tiempos en que el cuadro docente del Colegio estaba compuesto por gran cantidad de religiosos.
Con frecuencia, recordaba las enseñanzas recibidas de distintos profesores en diversas áreas, como el R. P. Gay o el profesor de historia Bernardo “Pucho” Gómez, con quien mantuvo contacto por muchos años.
Trueba había sido alumno pupilo del Colegio. El pupilaje era común en esos años, tan distintos a los actuales en muchos aspectos. Muchas familias, por diversas razones organizativas (como residir fuera de la Capital Federal), enviaban a sus hijos al Colegio como pupilos. Los pupilos vivían en el Colegio durante la semana -de lunes a viernes- para volver con sus familias los fines de semana.
Fue Manuel Trueba alumno destacado, y mereció el Diploma de Honor al término de sus estudios secundarios en el año 1955. Año difícil para el país, que vivió envuelto en un escenario de tantas y tan tristes divisiones entre argentinos, por la discordia política y la crisis institucional. Ese año -1955-, como siempre él recordaba, las clases terminaron en septiembre.
Como alumno, Trueba integró la “Academia Literaria” del Colegio, institución que reunía a los alumnos cultores de las letras en reuniones de lectura y debate literario. Además, exhibió su faceta deportiva e integró el equipo de rugby del Colegio.
Ya exalumno, ejerció la docencia en el Colegio en la asignatura “Educación cívica”, imprimiendo en sus alumnos el sesgo democrático y republicano que siempre guió su conducta cívica, pese a las reiteradas interrupciones de la continuidad institucional argentina. Con sus exalumnos se reencontró lustros después en ocasión de los actos y almuerzos de “Bodas de Plata”, organizados por la Sociedad de ExAlumnos.
La gestión de Trueba como Presidente de la Sociedad fue fecunda y se granjeó el reconocimiento de muchas camadas del Colegio.
Fue famosa la Circular que, en tiempos en que aún faltaban muchos años para que las comunicaciones pudieran ser por Internet, con noticias del Colegio y sus ExAlumnos eran remitidas por correo a todos los exalumnos del país y del mundo y permitía mantener un canal abierto de comunicación entre el Colegio y los ExAlumnos.
Promovió la inserción de los alumnos de los últimos años del Secundario en la Sociedad de ExAlumnos, alentando el ingreso de nuevas generaciones al seno de la Sociedad. Eran habituales las visitas de Trueba a los cursos de 5to. Año del Secundario, a fin de dar a conocer a los futuros exalumnos las actividades de la Sociedad.
Durante los años de su gestión, una plaza de la ciudad de Buenos Aires recibió el nombre de San Miguel Garicoits, en homenaje al fundador de la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Padres Bayoneses).
Congregaron a muchos exalumnos y sus familias, y fueron siempre muy cálidos, los habituales almuerzos y cenas de camaradería que organizaba la Sociedad de ExAlumnos, a los que él siempre asistía acompañado de su esposa, la Sra. Ana María Cincotta.
Durante la presidencia de Trueba, fueron organizadas también diversas actividades culturales y académicas, siempre en colaboración con las autoridades y demás instituciones del Colegio, y la Sociedad de ExAlumnos del Colegio San José estableció y mantuvo vínculos institucionales con sociedades de exalumnos de otros Colegios bayoneses (caso de la Sociedad de ExAlumnos del Colegio Sagrado Corazón de Rosario) e, incluso, de otros colegios católicos.
Ya retirado de la actividad en la Sociedad de ExAlumnos, Manuel siempre mantuvo contacto con exalumnos del Colegio y no dejó de preocuparse por sus vicisitudes y problemas. Siempre vistió en su saco el escudito de nuestra Sociedad, lo que le valió la posibilidad de hallar no pocos exalumnos en diversas circunstancias, a partir de la identificación brindada por el emblema.
Fueron los valores que recibió del Colegio San José, los que consolidaron la formación recibida de sus queridos padres Carlos Manuel y Matilde J. Zucchi de Trueba, los que guiaron su ánimo en todo momento, incluso en los más difíciles.
Toda su formación escolar, que le permitió contar con amigos que lo rodearon siempre, contribuyó a la forja de su carácter. Muchos de sus amigos y excompañeros del Colegio estuvieron junto a él en los tiempos de su última enfermedad, en manifestación elocuente de que no es palabra vacua aquello de “Cor unum, et anima una” (“Un solo corazón y una sola alma”), uno de los lemas del San José, que se puede leer en la corona del escenario del Salón de Actos y que Trueba solía destacar en cada oportunidad en que le correspondía dirigirse a los exalumnos o en los actos de fin de curso de 5to. Año.
Nunca claudicó en su sentido ético de la vida, con el que fue siempre coherente. Lo caracterizó su hombría de bien, su lealtad hacia todos los que lo trataron, su cultura, su buena educación. Respetó y fue respetado. Fue un digno hijo de la obra de San Miguel Garicoits. Y quiso que sus hijos varones -Manuel Rufino, Alfonso Manuel y José Manuel, todos exalumnos del Colegio- también lo fueran.
Confiado en el Sagrado Corazón de Jesús, y en la intercesión de Nuestra Sra. de Betharram, enfrentó con entereza su dolencia de los últimos años, lo que le permitió tener años plenos de vida normal, hasta las últimas complicaciones, que fueron aumentando y que enfrentó con integridad igual, por lo que no le impidieron gozar aún de muchos hermosos momentos.
Se fue, sin sufrimientos de ninguna especie, rodeado de su familia, mancomunada en la oración.
Nuestro querido ExPresidente, el recordado Manuel, se fue como vivió: con dignidad. Fue un hombre bueno, que se plegó al ideal de Varón Justo, de San José, padre terrenal de Nuestro Señor. Una de las últimas cosas que dijo a su familia fue que se encomendaba a Dios. Era el FVD -Fiat Voluntas Dei-, que animó su vida y le dio fortaleza y templanza.
Manuel Rufino Trueba
Bs. As., febrero de 2012.