sábado, 28 de febrero de 2015

No es un adiós, es un ¡Presente!

Otro exalumno acaba de ser recibido en la Casa del Padre. Pero esta vez no es uno de los meritorios pero anónimos.
Julio César Strassera deja con su paso por esta vida varios párrafos brillantes escritos en una de las páginas más oscuras, duras y dolorosas de la Historia Argentina. No hace falta decir quién fue el Fiscal del Juicio a las Juntas Militares del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Sólo sería sobreabundar en las múltiples biografías suyas que son de público dominio, y hay voces sobradamente más calificadas que las nuestras para cantar esa epopeya.
Pero sí se impone apuntar un antecedente: hace un par de años, en estos mismos ámbitos virtuales esta Asociación fijó una postura oficial en ocasión del fallecimiento acontecido a la sazón de otro exalumno que es su necesario contrapunto: Jorge Rafael Videla.
Uno famoso. Otro tristemente célebre. Uno, un faro señero de obligada referencia. El otro un hacedor de tinieblas.
Los dos exalumnos. Los dos custodios de herramientas intelectuales recibidas en el San José. Uno que batió con ellas por la Justicia. El otro las usó para conculcarla. Nuestros colores. Blanco y Negro.
Pero si de esa época se trata, no se agota ahí la figura útil para graficarla, en un plano partido en dos. Si bien muchos exalumnos estuvieron involucrados en mayor o menor medida en ese juego geométrico, tal vez la forma más adecuada para la comparación sea un cuadrado.
A esta altura resulta evidente quiénes constituirán dos de los vértices: uno, el dictador; otro el jurista, el hombre del Derecho, el restaurador del equilibrio en la balanza de la Antigua Dama Ciega en su versión vernácula.
Pero hay dos más que no deberían ser soslayados, so pena de quedarnos con una visión miope del pasado. Máxime que ya los cuatro han muerto, su Juicio hoy está en las jurisdicciones de Nuestro Señor y la Historia de la Patria.
No olvidemos en los anales de la infamia a José Luis Dios, el autor del atentado a mansalva en la Secretaría de Planeamiento del Ministerio de Defensa, con su luctuoso saldo de muertos y heridos. Terrorista al fin, sólo que en vez del uso actual del fundamentalismo fanático religioso, lo fue del político.
Y tampoco a Ricardo Balbín, el hacedor de consensos, el luchador por la Democracia de la Multipartidaria, que cayó trabajando por una salida democrática al terror de la dictadura, cuyo fin no alcanzó a ver. El orador, el tribuno, que no tuvo –a pesar de los muchos que en su entierro hicieron uso de la palabra- un discurso a la altura del que él mismo diera en presencia del féretro del que había sido su principalísimo, férreo y más encarnizado adversario -que varias veces lo encarcelara, incluso-, resaltando con grandeza las virtudes del caído en favor del bien común y la paz que anhelaba posible en una Nación por ese entonces ya profundamente dividida y atrozmente ensangrentada.
De un lado, el dictador de derecha y el terrorista de izquierda. Del otro, el Jurista justiciero y el Político pacificador. Por una parte, los cultores de la violencia. Por la otra, los buscadores de la Paz. En un margen, los que apostaban al golpe de mano de facto- uno de ellos coronado por un malhadado éxito y el otro bélicamente derrotado-; en el otro, los hombres del raciocinio, el diálogo y los acuerdos de derecho.
Pensar sólo en Videla y Strassera en esta circunstancia es una injusta omisión de aquéllos otros dos. E incluso hasta de las circunstancias históricas completas de éstos. Simplificar una historia nuestra que es por momentos muy, demasiado compleja.
Porque los colores son blanco y negro, las veredas son dos. Pero dentro de cada una de ellas las paletas cromáticas son múltiples, y las baldosas tantas como posibles personas tengan que concurrir a pararse sobre ellas.
Como hace dos años, es menester recordar de forma explícita que la Asociación de Exalumnos es de Todos. Somos Todos. Porque, como decía San Agustín, “lo que no se asume no se redime”. Y de la historia que se olvida, disimula, oculta, no se aprende.
Pero conocer esto no significa evitar tomar posición, escoger vereda propia, sino todo lo contrario: ponerse de pie con firmeza para dar testimonio, aceptar ser los dignos hijos de San José, el Sagrado Corazón de Jesús, María de Betharram y San Miguel de Garicoïts. Y tomar nuestro lugar hasta que Dios nos llame en el desfile de las “Valientes Legiones que son Glorias de Ciencia y de Fe”. O tener que irnos entre las sombras, traidores de nuestra herencia, murmurando mezquindades y proyectando iniquidades por lo bajo…

Quiera prestarle un último honroso servicio a Dios, a la Patria y al San José nuestro ilustre, apreciado y ejemplar exalumno, el Dr. Don Julio César Strassera, siendo en éste, su último paso por esta vida terrenal, un dignísimo anfitrión más que nos invite al resto de los hijos espirituales de nuestro Colegio, sus hermanos en San José y Betharram, a compartir su Luminosa Ribera.

Víctor Manuel PÉREZ MESTRE.
Lic. en Ciencias Sociales y Humanidades - Mención en Historia (UNQ).
Ex Presidente de la Asociación de Exalumnos del Colegio San José