No es un adiós, es un ¡Presente!
Otro exalumno acaba de ser recibido en
la Casa del Padre. Pero esta vez no es uno de los meritorios pero anónimos.
Julio César Strassera deja con su paso
por esta vida varios párrafos brillantes escritos en una de las páginas más
oscuras, duras y dolorosas de la Historia Argentina. No hace falta decir quién
fue el Fiscal del Juicio a las Juntas Militares del autodenominado Proceso de
Reorganización Nacional. Sólo sería sobreabundar en las múltiples biografías
suyas que son de público dominio, y hay voces sobradamente más calificadas que
las nuestras para cantar esa epopeya.
Pero sí se impone apuntar un
antecedente: hace un par de años, en estos mismos ámbitos virtuales esta
Asociación fijó una postura oficial en ocasión del fallecimiento acontecido a
la sazón de otro exalumno que es su necesario contrapunto: Jorge Rafael Videla.
Uno famoso. Otro tristemente célebre.
Uno, un faro señero de obligada referencia. El otro un hacedor de tinieblas.
Los dos exalumnos. Los dos custodios
de herramientas intelectuales recibidas en el San José. Uno que batió con ellas
por la Justicia. El otro las usó para conculcarla. Nuestros colores. Blanco y
Negro.
Pero si de esa época se trata, no se
agota ahí la figura útil para graficarla, en un plano partido en dos. Si bien
muchos exalumnos estuvieron involucrados en mayor o menor medida en ese juego
geométrico, tal vez la forma más adecuada para la comparación sea un cuadrado.
A esta altura resulta evidente quiénes
constituirán dos de los vértices: uno, el dictador; otro el jurista, el hombre
del Derecho, el restaurador del equilibrio en la balanza de la Antigua Dama
Ciega en su versión vernácula.
Pero hay dos más que no deberían ser
soslayados, so pena de quedarnos con una visión miope del pasado. Máxime que ya
los cuatro han muerto, su Juicio hoy está en las jurisdicciones de Nuestro
Señor y la Historia de la Patria.
No olvidemos en los anales de la
infamia a José Luis Dios, el autor del atentado a mansalva en la Secretaría de
Planeamiento del Ministerio de Defensa, con su luctuoso saldo de muertos y
heridos. Terrorista al fin, sólo que en vez del uso actual del fundamentalismo
fanático religioso, lo fue del político.
Y tampoco a Ricardo Balbín, el hacedor
de consensos, el luchador por la Democracia de la Multipartidaria, que cayó
trabajando por una salida democrática al terror de la dictadura, cuyo fin no
alcanzó a ver. El orador, el tribuno, que no tuvo –a pesar de los muchos que en
su entierro hicieron uso de la palabra- un discurso a la altura del que él
mismo diera en presencia del féretro del que había sido su principalísimo,
férreo y más encarnizado adversario -que varias veces lo encarcelara, incluso-,
resaltando con grandeza las virtudes del caído en favor del bien común y la paz
que anhelaba posible en una Nación por ese entonces ya profundamente dividida y
atrozmente ensangrentada.
De un lado, el dictador de derecha y
el terrorista de izquierda. Del otro, el Jurista justiciero y el Político
pacificador. Por una parte, los cultores de la violencia. Por la otra, los
buscadores de la Paz. En un margen, los que apostaban al golpe de mano de
facto- uno de ellos coronado por un malhadado éxito y el otro bélicamente
derrotado-; en el otro, los hombres del raciocinio, el diálogo y los acuerdos
de derecho.
Pensar sólo en Videla y Strassera en
esta circunstancia es una injusta omisión de aquéllos otros dos. E incluso
hasta de las circunstancias históricas completas de éstos. Simplificar una
historia nuestra que es por momentos muy, demasiado compleja.
Porque los colores son blanco y negro,
las veredas son dos. Pero dentro de cada una de ellas las paletas cromáticas
son múltiples, y las baldosas tantas como posibles personas tengan que
concurrir a pararse sobre ellas.
Como hace dos años, es menester
recordar de forma explícita que la Asociación de Exalumnos es de Todos. Somos
Todos. Porque, como decía San Agustín, “lo que no se asume no se redime”. Y de
la historia que se olvida, disimula, oculta, no se aprende.
Pero conocer esto no significa evitar
tomar posición, escoger vereda propia, sino todo lo contrario: ponerse de pie
con firmeza para dar testimonio, aceptar ser los dignos hijos de San José, el
Sagrado Corazón de Jesús, María de Betharram y San Miguel de Garicoïts. Y tomar
nuestro lugar hasta que Dios nos llame en el desfile de las “Valientes Legiones
que son Glorias de Ciencia y de Fe”. O tener que irnos entre las sombras,
traidores de nuestra herencia, murmurando mezquindades y proyectando
iniquidades por lo bajo…
Quiera prestarle un último honroso servicio
a Dios, a la Patria y al San José nuestro ilustre, apreciado y ejemplar
exalumno, el Dr. Don Julio César Strassera, siendo en éste, su último paso por
esta vida terrenal, un dignísimo anfitrión más que nos invite al resto de los
hijos espirituales de nuestro Colegio, sus hermanos en San José y Betharram, a
compartir su Luminosa Ribera.
Víctor Manuel PÉREZ MESTRE.
Lic. en Ciencias Sociales y Humanidades - Mención en
Historia (UNQ).
Ex Presidente de la Asociación de Exalumnos del Colegio San José